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Una gran invitación por una invitada especial

por Rosario A. Puga-Dempsey

A l escuchar las palabras “no es lo mismo, es distinto” me pude dar cuenta de que estaba resistiendo algo. Todo este tiempo he hecho mi mejor esfuerzo por engañarme a mí misma al decir que esto es solo por un momento y mantener todo lo más cercano a la “normalidad” posible.

No pude entender porque mi reacción, porque esa gran resistencia a algo cuando tenía tanto por sentirme bendecida. Hasta esa noche en compañía de Valeria Galetto que con su más bondadoso corazón nos compartió a nuestro grupo de español una tarde para aprender. Esa tarde entendí que el cambio, por más mínimo que sea, causa gran incertidumbre e incomodidad. Algo que no se ustedes pero que yo detesto, puedo tolerar cambios pequeños, hasta algunos más grandes pero un cambio que te hace enfrentarte a algo que has evitado por años es más difícil. Para mí ha sido un reto porque he vivido más de la mayoría de mi vida inconscientemente no quedándome en casa y de sentir que lo único que yo considere “un hogar” ya está muy lejos por existir. Tuve la oportunidad de reflexionar y conectarme con esta parte de mi cuando me dejé llevar por sus lindas palabras.

“Esta es una oportunidad de escuchar y experimentar la tormenta que viven [ los demás] y nosotros mismos.”  Quien lo hubiera dicho de tal manera más que ella. ¿Una oportunidad de experimentar la tormenta de otros? Es chistoso pero cierto a su vez, todos estamos viviendo y experimentando la tormenta del uno al otro a la misma vez. Y compartiendo sonidos y reacciones de un ambiente que como yo quizá intentamos evadir. Eso me hizo sentirme aún más conectada con todos, el poder pensar que no soy la única en esta tormenta y que todos la podemos compartir juntos.

He tenido el gran honor de trabajar con Valeria Galetto por varios años organizando el curso de atención plena y meditación que ella ofrece en Kara. Hemos convivido de muchas maneras profesionalmente y mantenido una linda comunicación. Pero nunca había tenido el placer de experimentarla en acción, de escuchar sus ideas plenamente, de aprender de ella y de dejarme guiar por su voz en una meditación. Que, por cierto, por primera vez pude experimentar lo que se siente en verdad meditar.

Aunque había intentado en el pasado la práctica de meditación nunca había podido lograrlo y experimentar la paz de la que todos hablan. Me había yo misma clasificado como alguien que simplemente no puede meditar. Pero esa noche ella me demostró lo contrario de lo que había pensado y con eso me ayudo a reflexionar en lo que no había pensado antes.

Esto habla no solo del nivel de experiencia, pero también de su energía, compasión y dedicación a lo que hace. Quizá no sea una práctica que desarrolle a diario pero que por lo menos ahora sé que si es posible. Esa tarde con simplemente su voz nos abrió nuevos horizontes y nos permitió experimentar esta “tormenta” de otra forma.